
La neurobiología de los celos nos dice que estamos ante un tipo de emoción potecialmente peligrosa.
Se sabe , incluso , que el cerebro masculino puede , en ocasiones , presentar reacciones más intensas porque la experiencia de los celos se combina con la testosterona, para aumentar el cortisol , hormona del estrés , hasta hacer mucho más incontrolable esta sensación.
Todos nosotros, en mayor o menor medida, hemos sentido este tipo de realidad psicológica.
En el 2014, varios estudios , como los llevados a cabo por las doctoras Christine Harris y Caroline Prouvost , nos demostraron que los animales tambien experimentan celos a menudo.
Los perros , por ejemplo , llegan a sentirlos cuando ven a sus dueños prestar atención y afecto a otros individuos.
Ha podido verse , asi mismo , que los monos tití y hasta los peces ángel sufren esta emoción cuando ven que sus parejas se van con otros individuos de su especie.
Los celos dan forma a esa sensación que surge cuando alguien intenta quedarse con algo que sentimos como propio y es también esa experiencia desafiante cuando el individuo interpreta que se está vulnerando el autoconcepto.
Hay un aspecto que diferencia a las personas de los animales.
Mientras que los animales responden a estímulos reales y concretos , un perro puede sentirse molesto cuando ve a su dueño acariciar a un cachorro , las personas reaccionan , la mayor parte de las veces , a estímulos imaginarios.
A veces, la mente es nuestra peor enemiga, ella es quien orquesta sospechas donde no hay datos reales y específicos.
El cerebro, por su parte, no duda en desencadenar una reacción fisiológica en consonancia a esa emoción, la cual, en ocasiones, puede llevarnos a generar conductas poco acertadas.
“En los celos hay más amor propio que amor”.
-François de La Rochefoucauld-

La neurobiología de los celos ¿en qué consiste?
Escribía Shakespeare en su obra Othelo que “el celoso no lo es por un motivo: lo es porque lo es. Porque los celos son como un monstruo engendrado y nacido de sí mismo”.
Este acertado comentario encierra en sí mismo una verdad evidente porque el celoso no necesita siempre un desencadenante real para liberar esta emoción y , es masEs más , la neurobiología de los celos nos dice que la personalidad determina en muchos casos esta dimensión.
Por otro lado, los expertos en el tema consideran que los celos son en realidad un tipo de emoción secundaria.
Esta emocion surge como respuesta a emociones primarias como el miedo o la ira.
Cuando la persona opina que alguien intenta arrebatarle algo que es suyo o que le define, surgen los celos como un violento resorte
Esta respuesta intensa suele ser diferente entre hombres y mujeres.
Veamos más datos .
Los celos según el género
La neurobiología de los celos nos dice que , por lo general , las mujeres se preocupan y experimentan celos solo con pensar en la infidelidad emocional de sus parejas. mientras que Los hombres, por su parte, ponen su atención en la infidelidad física.
En el año 2017 la revista Frontiers in ecology and evolution nos aportó otra información interesante.
Según un estudio llevado a cabo por la doctora Karen Bales, de la Universidad de California, se ha visto que en los primates macho, los celos son algo común y evidente cuando ven que las hembras de su grupo se van con otro macho.
Como directora del laboratorio de psicología comparada de la universidad, quiso profundizar un poco más en la neurobiología de los celos también en humanos.
Algo que pudo verse esque , antes ciertos estimulos , aparece una activación en la corteza cingulada, un área del cerebral asociada con el “dolor social”… la sensación de aislamiento, abandono, traición, miedo o desamparo.
Se pudo ver , asi mismo , que los hombres mostraban esta emoción de manera más intensa.
Se observó que a mayor concentración de testosterona más aumentaba el nivel de cortisol en sangre.
Esta combinación podía dar forma, en algunos casos, a conductas violentas.

Los celos cumplieron en el pasado un fin adaptativo
En el libro The Dangerous Passion, el psicólogo evolucionista David Buss nos señala que los celos tienen una función adaptativa: defender nuestros intereses.
Así, en el pasado, la aparición de otros individuos en el grupo social podía suponer una amenaza y expulsar a otros competidores aseguraba, entre otras cosas, la supervivencia de esa pequeña comunidad.
Así, dentro de la neurobiología de los celos nos señalan que es necesario entender un aspecto.
En ese pasado remoto de nuestra especie, los celos eran el desencadenante en muchas conductas violentas porque aseguraba la supervivencia, pero a costa de muertes y agresiones.
No podemos olvidar que esta emoción muestra una realidad: el miedo a perder algo… y ese miedo puede desencadenar respuestas desmesuradas.
Tal y como nos señala Ralph Hupka, profesor de psicología, Emérito de la Universidad Estatal de California, los celos son una emoción anticipada porque buscan prevenir la pérdida.
De ahí, que a menudo se recurra a conductas poco adecuadas para evitar ese desenlace.

Así, en el seno de las relaciones afectivas, es común que alguno de los miembros responda con ira hacia esa pareja que , a su parecer , puede o no estar cometiendo una infidelidad.
En la actualidad los celos carecen de esa utilidad que, supuestamente, pudieron tener en el pasado.
A día de hoy los celos son el resquicio de una mente muy primitiva que veta la convivencia, que trasforma el amor en apego, y la relación, en un escenario donde solo crece la desconfianza y el malestar.
Tal y como nos señaló Theodor Adorno, el comportamiento celoso es el resultado de una mente con una estructura cognitiva mal elaborada, regida únicamente por la inseguridad y la baja autoestima. Pensemos en ello.