La capitulación alemana del 11 de noviembre de 1918 dio la estocada a los grandes imperios y alumbró democracias débiles después de una devastación sin precedentes Un pequeño vagón de tren en un bosque francés. Ese fue el bucólico fin de la mayor sangría perpetrada por la humanidad hasta entonces. En aquella sala improvisada en Compiègne Alemania reconoció su derrota ante Francia, Reino Unido y Rusia -la Triple Entente- y firmó el documento que ponía fin a la Gran Guerra. Era el 11 de noviembre de 1918 -hoy se cumplen cien años- y atrás quedaban casi 70 millones de soldados de los que cerca de 10 millones murieron, otros ocho millones desaparecieron y 20 millones resultaron heridos de distinta gravedad.