El neurocientífico Elkhonon Goldberg lo llama la paradoja de la sabiduría. Esta paradoja permite que el cerebro pueda evitar, al menos en parte, el deterioro físico y psíquico que acompaña a la longevidad. Aunque hay factores imprevisibles como el tipo de vida saludable que lleve una persona, sus actividades y actitudes en el plano físico, mental y psicológico van a ser totalmente determinantes en el funcionamiento de la memoria, la concentración y otras funciones del cerebro en edades más avanzadas.