El aforamiento…¿verguenza judicial?.


Los aforamientos judiciales son un privilegio procesal que permiten que algunas personas sean juzgados, por su cargo público, por tribunales superiores a los tribunales ordinarios, los que juzgan a cualquier ciudadano. 

Esta figura, dentro del enjuiciamiento criminal, establece un fuero especial para las personas que desempeñan una labor con una responsabilidad inerente a su cargo que necesita de la protección o control judicial… hasta aqui todo correcto y comprensible.

La aplicación de este derecho genera debate al ser percibido como un privilegio porque se aplica, en la práctica, a cualquier delito y no a un delito cometido en el desarrollo de las funciones propias del cargo que desempeña el acusado.

El modo en que se aplica el aforamiento hace que sea visto o entendido como un privilegio muy amplio del que disfrutan ciertas personas por la labor que desempeñan en la relación con el poder judicial.

El aforamiento es entendible cuando una persona comete un delito relacionado con su cargo y no en todos los casos, como suele ser habitual.

No es lógico que un ministro, diputado, Senador o director general de cualquier organismo pueda llegar a estar aforado, por ejemplo, por trafico de influencias

¿Cómo es posible que se pueda permitir que el acusado de un delito de apropiación indebida, realmente un robo, cometido por el conocimiento de las situaciones previas que pueden permitir ese delito este protegido, a la hora de ser investigado y juzgado, con el privilegio del aforamiento?

¿Porque siempre que un político comete un delito y es denunciado se agarra a su cargo, sin ninguna vergüenza, para intentar evitar cualquier responsabilidad…?

Lo malo de esta situación es que no hay, o no se aplica, ningún límite legal para la aplicación de este beneficio ni un código ético o moral que obligue al acusado a renunciar a él.

No hace días, después de la declaración del Sr. Ábalos, el juez instructor del caso hizo mención, como miembro del poder judicial puede hacerlo, que no le parecía nada lógico que el Sr. Abalos mantuviera su acta de diputado y su aforamiento estando inculpado en la causa en la que se encuentrael congreso de los diputados respondio de manera muy rapida, defendiendo un derecho que me imagino que saben que es anacronico, insultando al juez diciendo que el no puede hacer constar esa opinión, cuando el, en su condición de juez, puede hacerlo.

El juez se limito, creo, a plasmar en un documento «oficial» el sentir de gran parte de la población española