
Practicar la empatía de manera habitual y sin control puede provocar efectos secundarios adversos como, por ejemplo, el agotamiento emocional, el estrés crónico y la angustia empática.
Un exceso de empatía puede causar problemas de salud mental como ansiedad y depresión, problemas físicos como la fatiga crónica y puede llevar a la pérdida de la propia identidad, a la codependencia y a dificultades para establecer límites personales saludables.
Estas patologías suelen aparecer en personas que, por su profesión o actividad cotidiana, están en contacto con personas que sufren situaciones muy tensas como pueden ser las derivadas de problemas personales, problemas emocionales, problemas económicos y todas las situaciones cotidianas que se desprenden de esos problemas de base.
Este síndrome que pueden sufrir muchas personas que trabajan atendiendo a personas con problemas graves, de manera continua, se presenta de manera gradual y termina siendo incapacitante porque lleva a la perdida de la frialdad y la imparcialidad necesaria para escuchar, procesar y sacar la conclusión correcta con la que trabajar para solucionar el problema del enfermo o afectado.
Algunas profesiones que suelen sufrir estas patologías son, en su mayor parte, aquellas que dan apoyo a las personas que padecen problemas muy graves y pueden ser médicos de familia, psiquiatras, ATS, psicólogos, trabajadores sociales…
Si se analiza muy bien como se desarrolla el trabajo diario de estos profesionales tiene que ser muy duro para cualquier profesional atender a un paciente sin tener las herramientas adecuadas para escuchar y obtener una idea de conjunto de su problema sin absorberlo como una esponja.
Este síndrome puede ser, seguramente lo sea, el origen de la conocida frase “los psiquiatras están mas locos que los locos”
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