China, situada en el este de Asia, tiene una superficie de 9.600.013 Km2 por lo que es uno de los países más grandes del mundo y con una población de 1.414.350.000 habitantes y una densidad de 147 habitantes por Km es, así mismo, el país más poblado del mundo.
La capital de China es Pekín y su moneda es el Yuan chino.
China es la segunda economia del mundo por volumen de PIB.
Su deuda pública en 2019 fue de 7.315.201 millones de euros, con una deuda del 57,12% del PIB.
Su deuda per cápita es de 5.188 € euros por habitante.
La última tasa de variación del IPC publicada en China es de diciembre de 2021 y fue del 1,5%.
El PIB per cápita es un muy buen indicador del nivel de vida y en el caso de China, en 2020, fue de 9.122 €, con el que se sitúa en el puesto 64 del ranking y sus habitantes tienen un bajo nivel de vida en relación al resto de los 196 países del ranking de PIB per cápita.
En cuanto al Índice de Desarrollo Humano, que elabora las Naciones Unidas para medir el progreso de un país y que en definitiva nos muestra el nivel de vida de sus habitantes, indica que los chinos se encuentran en el puesto 85.
Si la razón para visitar China son negocios, es útil saber que China se encuentra en el 46º puesto de los 190 que conforman el ranking Doing Business, que clasifica los países según la facilidad que ofrecen para hacer negocios.
En cuanto al Índice de Percepción de la Corrupción del sector público en China ha sido de 42 puntos, así pues, se encuentra en el puesto 78 del ranking de percepción de corrupción formado por 179 países.
Política exterior china, o cómo convertirse en una gran potencia
La influencia internacional de China ha aumentado de manera exponencial en las últimas décadas, hasta el punto de que parece que Pekin condiciona el desarrollo de los acontecimientos en todo el planeta.
Eso ha generado asombro y desconfianza a partes iguales, y ha llevado al mundo a preguntarse con inquietud qué intenciones hay detrás de ese crecimiento.
La actuación de China en el plano internacional bajo Mao Zedong, Deng Xiaoping y Xi Jinping ha estado marcada por dos ambiciones que seguirán condicionando su política exterior en el futuro cercano:
Una de las intenciones de China es recuperar los territorios que controlaba antes de la guerra y colonización y convertirse en una gran potencia internacional.
El motivo de que la política exterior de China gire en torno a esos dos pilares es historica.
El país se mantuvo unificado desde el año 211 a.C. hasta la llegada de las potencias coloniales en el siglo XIX.
Su demografía era tan vasta que, cuando los pueblos invasores, los mongoles , conquistaron algunos de sus territorios, tuvieron que adaptarse a las tradiciones culturales y políticas chinas para poder ejercer control sobre la población, ya que fueron incapaces de imponer las suyas propias.
China mantuvo su integridad y dignidad intactas durante dos milenios.
Durante ese tiempo, se generó en China un fuerte sentimiento de superioridad cultural y política que llevó al país a considerarse el eje del mundo.
Los grandes pensadores chinos, como Confucio o Mencio, cultivaron la idea de que sus emperadores tenían el mandato divino de gobernar “todo bajo el cielo”, una expresión popular que hace referencia al mundo en su totalidad.
De este modo, la China imperial tenía una concepción jerárquica de las relaciones internacionales, por lo cual el resto de las naciones debían rendir pleitesía a China y a su emperador.
China perdió parte importante de su territorio antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
Con una concepción tan elevada de sí misma, China se llevó un golpe muy fuerte cuando fue sometida por los poderes coloniales en el siglo XIX.
La primera guerra del Opio marcó el comienzo del Siglo de la Humillación, ciento diez años en los que el país quedó a merced de las potencias extranjeras como el Imperio británico o el japonés.
Por eso, desde que triunfo la revolución comunista y Mao Zedong fundó la República Popular de China en 1949, el país ha centrado sus esfuerzos en volver a la posicion internacional que le corresponde según su tradición y a recuperar los territorios que le fueron arrebatados durante los siglos XIX y XX y ejercer el control total sobre sus fronteras.
Hasta ahora, el proceso ha sido eminentemente lineal.
Con Mao Zedong, China se ganó el derecho a existir por sí misma, después Deng Xiaoping lideró la revolución económica del país y, con habilidad diplomática, orquestó la escalada de China en la comunidad internacional.
Xi Jinping está al frente de una potencia que hasta a punto de convertirse en la gran potencia mundial.
Con el paso del tiempo China ha ido recuperando el control de territorios como el Tíbet y Hong Kong, y solo Taiwán ha sido capaz de resistir a Pekín.
Mao Zedong: poniendo la primera piedra
Tras liderar la revolución comunista que acabó con el Gobierno del partido nacionalista Kuomintang, Mao Zedong fundó la República Popular de China en 1949.
Quizás porque el combate y la guerra habían estado presente en gran parte de su vida, o porque Asia siguió siendo un campo de batalla durante prácticamente todo su mandato, a Mao le caracterizó un carácter agresivo y revolucionario que quedó reflejado en politica exterior.
Los esfuerzos de Mao por recuperar el control de la totalidad del territorio chino se centraron especialmente en Tíbet y Taiwán.
El Tibet fue ocupado tras varias intervenciones militares, pero fue la relación con la segunda la que tuvo un mayor impacto internacional. Tras la guerra civil, Taiwán se había convertido en el refugio del Kuomintang, que insistía en su legitimidad para continuar representando al pueblo chino.
El Partido Comunista no aceptaría oposición a su Gobierno y exigió la rendición de la isla para aumentar la presión y dejar clara su postura ante el resto del mundo.
Mao diseñó el concepto de “Una sola China”, según el cual la República Popular solo establecería relaciones diplomáticas con aquellos países que renegaran de Taiwán como un Estado independiente, una política que todavía está en pie y que ha condicionado enormemente la relación del país con la comunidad internacional.
Haciendo alarde de su agresividad Mao bombardeo la isla en 1954 y 1958 sin resultado… EE. UU. vio en Taiwán un contrapeso al avance del comunismo en Asia y lo ayudó a salir al paso.
Al mismo tiempo que trataba de recuperar la soberanía de esos territorios, Mao buscó integrar a China en el orden internacional.
En un primer momento, con una China débil en situación de posguerra, su prioridad fue blindar el país y evitar que otros Estados pudieran atacarla.
China se alió con la Unión Soviética, el único estado ideológicamente afín y suficientemente poderoso como para disuadir a Estados Unidos o Japón de agredir a China.
La URSS y China apoyaron juntos a los norcoreanos en contra de los estadounidenses y las tropas de la ONU durante la guerra de Corea (1950-1953).
Esa alianza no duró mucho:
Tras la muerte de Stalin en 1953, la URSS inició un proceso de desestalinización que la alejó de los posicionamientos más fundamentalistas del comunismo… Esto no gustó a Mao, que había cultivado un estilo de liderazgo muy similar al de Stalin, y llevó a los dos países a una confrontación primero ideológica y más tarde territorial. En 1969 hubo un breve conflicto fronterizo entre ambos.
Enfrentado a la URSS y ante la imposibilidad de aliarse con Estados Unidos, que apoyaba a Taiwán, Mao decidió acercarse a los países en desarrollo. Durante los años setenta, el líder chino trató de alejarse de la dinámica de bloques de la Guerra Fría argumentando que, como país en desarrollo y no alineado con EE. UU. ni con la URSS, China pertenecía al tercer mundo.
En esa línea, Pekín apoyó a economías más pobres, concediendo, por ejemplo, un préstamo sin intereses para construir un ferrocarril entre Tanzania y Zambia.
la estrategia distaba mucho de ser altruista: Mao esperaba que, con el tiempo, esos países devolvieran el favor a China apoyando sus iniciativas.

El presidente estadounidense Richard Nixon saluda al primer ministro chino, Enlai,
Mao no se jugó el destino de China a una sola carta.
Mientras aumentaba la ayuda para los países en desarrollo, consiguió un asiento en la ONU de 1971 y , asi mismo, la expulsión de Taiwán de la institución en virtud de la política de “Una sola China”.
Mao inició un acercamiento gradual a EE. UU y despues de más de dos décadas sin contacto diplomático entre los dos países Mao recibió al presidente estadounidense Richard Nixon en 1972 en Pekín en la primera visita de un presidente estadounidense a la China comunista.
El evento marcó de manera oficial el inicio de ese acercamiento, que culminaría, ya tras la muerte de Mao Zedong, en el establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre los dos Estados.
Deng Xiaoping y el “desarrollo pacífico”
Deng Xiaoping se hizo con el control de China en 1979, tres años después de morir Mao.
Frente al perfil agresivo y revolucionario de su predecesor, Deng representaba a una corriente más pragmática y reformista y si el logro de Mao había sido convencer al mundo de que la República Popular se había ganado el derecho a existir, el de Deng fue cimentar el peso de China en la comunidad internacional.
Deng reformó el sistema económico del país, abriéndolo para atraer inversión exterior desde los países con economías más avanzadas, que en su mayoría formaban parte del bloque occidental.
En plena Guerra Fría y siendo China uno de los principales valedores del comunismo, Deng comprendió que para seducir a los países capitalistas debía presentar a su país como un actor fiable y dispuesto a relacionarse con ellos y resolver sus problemas sin recurrir a la violencia.
Esta fue la máxima que guió la política exterior de Deng Xiaoping, que siguió recuperando territorios y avanzando en el proceso de convertir a China en una gran potencia.
Bajo esta estrategia, China usó la diplomacia para recuperar la soberanía de Hong Kong y Macao que en los años ochenta todavía estaban bajo la administración de Reino Unido y Portugal, respectivamente.
Deng acordó con estos países la devolución de ambos territorios y, para ofrecer garantías de las buenas intenciones de China, diseñó el esquema conocido como “Un país, dos sistemas”, una obra de ingeniería política que concedía un estatus de semiautonomía a Hong Kong y Macao a cambio de que reconocieran la soberanía de China.
Deng también siguió escalando posiciones en la arena internacional. En este sentido, su mayor logro fue el establecimiento de relaciones diplomáticas con EE. UU. en 1979, un hito histórico que además supuso una victoria doble para China. Por un lado, al establecer relaciones con Estados Unidos, se redujo enormemente la posibilidad de un conflicto armado con este país, y la URSS comenzó a tomarse más en serio a China como un actor independiente. Pero, además,
Que EE. UU. reconociese a la República Popular obligó a los estadounidenses a renunciar a sus relaciones diplomáticas con Taiwán y sin disparar un solo tiro, Deng Xiaoping privó a la isla del reconocimiento de su principal aliado.
Aunque extraoficialmente EE. UU. ha seguido siendo el socio más importante de Taiwán, la isla cuenta con menos apoyos diplomáticos.

La famosa imagen de los carros en Tiananmen
La de Deng hubiera sido una época de éxito indiscutible de no ser por su nefasta gestión de las manifestaciones en la plaza pequinesa de Tiananmén en 1989.
El Ejército chino cargó contra miles de personas que protestaban contra las reformas políticas y económicas del Gobierno, causando entre 200 y 10.000 muertes.
El episodio consternó a la comunidad internacional, que impuso sanciones al país, poniendo en jaque los avances de los años anteriores.
Tiananmén fue un punto de inflexión para China, ya que tanto Deng como sus sucesores se convencieron de la importancia de evitar cualquier error que pudiera llevarlos a una confrontación con la comunidad internacional, de la que tanto dependía entonces el desarrollo económico de China.
Con el tiempo, este principio dio pie a la doctrina del “desarrollo pacífico”, según la cual China debía avanzar hasta conseguir sus objetivos con determinación pero sin hacer ruido, una máxima que el Partido Comunista ha respetado hasta la llegada al poder de Xi Jinping.
Xi Jinping, ¿la recta final?
Unos veinte años separan el final de la época de Deng Xiaoping de la toma de posesión de Xi Jinping como presidente en 2013.
China ya se había convertido en la segunda potencia económica mundial y tenía gran peso en multitud de organismos internacionales.
Esos avances se debieron en gran medida a las políticas de Deng y a la máxima del “desarrollo pacífico”, que permitió a China hacerse cada vez más fuerte sin que nadie pusiera sus métodos en entredicho.
La llegada al poder de Xi ha cambiado eso.
Ahora que China ya se ha convertido en un actor de peso y ha tejido lazos con multitud de países, Xi tiene pocos motivos para temer la confrontación con otros Estados, lo que le permite perseguir sus objetivos con mayor determinación que sus predecesores.
Este es el momento que tiene China para culminar la obra que sentaron Mao y Deng.
Que Xi está dispuesto a encararse con otros países para cumplir sus objetivos ha quedado patente en la forma en que, durante los últimos años, China ha estrechado el cerco sobre Taiwán y ha reprimido movimientos separatistas en otras regiones además del Tíbet, como Sinkiang, la región occidental del país en la que viven los uigures, una minoría musulmana.
En lo que respecta a Taiwán, Xi ha dejado claro que su intención es recuperar la soberanía de la isla tan pronto como sea posible, y ha advertido de que cualquier conversación que su Administración mantenga con el Gobierno de la isla versará exclusivamente sobre la reunificación y China ha aumentado descaradamente la presión sobre Gobiernos, instituciones y empresas privadas de otros países para que retiren su reconocimiento a Taiwán como Estado independiente, amenazándolos con fuertes represalias económicas.
La táctica ha tenido éxito, ya que desde 2016 cinco países han roto sus relaciones diplomáticas con la isla, y multinacionales como Inditex o Delta Airlines han dejado de referirse a Taiwán como país independiente.
Su éxito en Taiwán ha llevado a Xi a repetir esa estrategia en Hong Kong y en 2019 estalló una oleada de protestas contra el régimen chino.
En este caso, Xi advirtió a países como Reino Unido y EE. UU., que habían amagado con tomar medidas de apoyo a los manifestantes, de que “cualquier intento para poner en peligro la soberanía y seguridad de China o desafiar el poder del Gobierno central es absolutamente inadmisible”.
anta es la seguridad de China que vetó la emisión de partidos de la NBA después de que uno de sus directivos se posicionarse públicamente en contra de su Administración.
En mayo de 2020, el Partido Comunista decidió diseñar una Ley de Seguridad Nacional para combatir el secesionismo y la “injerencia extranjera” en la antigua colonia…. Esta ley no necesitará ser aprobada por el parlamento hongkonés y permitirá a Pekín desplegar cuerpos de seguridad chinos en la ciudad, estrechando el control sobre sus ciudadanos y reduciendo la autonomía del enclave.
Por último, Xi parece haber encarado la recta final de la carrera de China para convertirse en la primera potencia mundial y recuperar la posición más alta en la jerarquía internacional que, según su tradición, le corresponde.
China se ha propuesto ponerse a la cabeza de la carrera tecnológica con su plan Made in China 2025, y ya lidera el desarrollo del 5G o de la inteligencia artificial, y está haciendo grandes progresos en la exploración espacial.
En el plano internacional, China está aprovechando que EE. UU. parece renegar cada vez más de su hegemonía y del multilateralismo para perfilarse como el máximo valedor de la globalización.
Xi busca aunar al resto del mundo en varios proyectos bajo liderazgo chino, como la Nueva Ruta de la Seda, un macroproyecto comercial y de infraestructuras para conectar Asia, África y Europa.
La importancia geoestratégica de este plan, lanzado en 2013, es mayúscula, ya que podría desplazar a la hasta ahora dominante alianza transatlántica y poner a Eurasia, con China como eje central, en el centro de las dinámicas internacionales.
De conseguirlo, Xi se convertiría en la personificación de la imagen clásica del emperador que consigue gobernar “todo bajo el cielo” y China no parece estar lejos de lograrlo:
En los seis años de vida de la Ruta más de setenta países se han sumado a la iniciativa, lo que supone que más del 65% de la población mundial ya está condicionada por las decisiones de Pekín.
A estas alturas, parece que solo una crisis económica de gran calibre, como la que podría desatar su cuestionada gestión de la pandemia de coronavirus, podría comprometer el hasta ahora imparable ascenso de China.
China disputa la soberanía de varios territorios con sus vecinos en las aguas del sudeste asiático.
Si algo ha guiado la política exterior china durante la mayor parte del último siglo ha sido su afán por recuperar el territorio que controlaba antes de la colonización y convertirse en una gran potencia global.
Desde la época de Mao, el avance en ambos frentes ha sido imparable, pero aún no se ha consolidado: EE. UU. todavía es la potencia dominante, Taiwán sigue actuando de forma independiente y China está embarcada en disputas por la soberanía de otros territorios estratégicos, especialmente en el mar de la China Meridional. Cumplir esos objetivos es el plan a medio plazo de los líderes chinos, a tiempo para el 2049, el centenario de la fundación de la República Popular.
China da pasos atrás como fábrica mundial
China ha propuesto en el año 2020 un nuevo escenario de desarrollo centrado en la circulación interna con un modelo de “circulación dual” en el que se promueven mutuamente la circulación nacional y la internacional.
Este nuevo escenario refleja una clara comprensión de la tendencia del desarrollo chino, que desde el 2006 ha visto disminuir de forma constante su parte de las exportaciones en el PIB.
Sin embargo, el nuevo paradigma no significa necesariamente que China deba cambiar la política seguida hasta ahora de utilizar plenamente los mercados y recursos nacionales e internacionales en el desarrollo económico.
Debido a las grandes economías de escala del sector manufacturero moderno, China debe seguir aprovechando al máximo los mercados internacionales.
Seria bueno aprovechar esta oportunidad para tratar un tema que preocupa a todo el mundo: el desarrollo de la economía china bajo la circulación dual puesta de manifiesto en el Nuevo Paradigma de Desarrollo.
El 30 de julio del 2020, China propuso un nuevo paradigma de “circulación dual” en el que la circulación interna y la internacional se promueven mutuamente y como es sabido, China decidió aprovechar al máximo los mercados y recursos nacionales e internacionales.
Numerosos tecnicoss y medios de comunicación calificaron ese modelo como orientado a la exportación. y dado que el nuevo modelo se centra en la circulación interna, muchos se preguntan si China ha cambiado de modelo de desarrollo y pasará de la economía orientada a la exportación a una economía orientada al interior.
China es el mayor país del mundo en términos comerciales.
Si su modelo de desarrollo se modifica y se orienta hacia el interior, el cambio también afectará a otros países y de ahí la gran preocupación al respecto en los medios de comunicación .
Ahora bien, ¿por qué se ha propuesto China considerar como prioritaria la circulación nacional?
Se puede pensar en algunos factores actuales, como la covid, que ha tenido un enorme impacto en la economía mundial y en todos los países.
Cuando la economía se contrae porque disminuyen los ingresos, es comprensible que la demanda disminuya, con la consiguiente repercusión en el comercio internacional.
Según la Organización Mundial del Comercio, es probable que en el 2020 el comercio internacional disminuya entre 13% y 32% con respecto al año pasado.
Como esa previsión se hizo a principios de abril la caída se acercará al 32%.
No cabe duda de que China, como mayor país comercial del mundo, experimentará una reducción de las exportaciones; ello significa que los productos fabricados en el país tendrán que ser absorbidos internamente, mediante la circulación interna.
Otro factor que llama nuestra atención son las fricciones con Estados Unidos, que tendrán una repercusión indudable en las exportaciones chinas.
Sin embargo, China tiene que desarrollar su propia economía e incrementar su producción porque si las exportaciones se reducen, la producción tendrá que absorberse dentro del país.
Lo más importante es que la política refleja los cambios en el desarrollo económico nacional y las leyes básicas de la economía.
China experimentó el punto álgido de la exportación en el 2006, cuando sus exportaciones representaron un 35,4% del PIB… ese año algo más de un tercio de sus productos se vendieron fuera de sus fronteras.
El porcentaje cayó a un 17,4% en el 2019. Dicho de otro modo, incluso antes de la nueva propuesta política, un 82,6% de la producción nacional de China ya había sido absorbida y circulaba internamente.
¿A qué se debe ese cambio? Desde la perspectiva de las leyes básicas de la economía hay dos razones.
Por un lado, una economía más grande significa un mayor porcentaje de productos en circulación interna y un sector de servicios proporcionalmente grande en un país apunta a un mayor porcentaje del PIB circulando internamente.
¿Por qué? Porque, como sabemos, con las grandes economías de escala actuales el sector manufacturero produce muchísimos bienes. Si un país tiene una economía pequeña con una insuficiente capacidad de absorción interna, debe recurrir a mercados exteriores más grandes cuando quiere desarrollar un sector manufacturero modernizado. Una economía más grande significa una mayor capacidad de absorción interna.
Algunas estadísticas concretas del 2019:
las exportaciones de Singapur representaron un 104,9% del PIB; en el caso de Taiwán, un 53,9%.
Hay que recordar que ese porcentaje fue de un 35,4% para China en el momento álgido del 2006, un hecho motivado por su tamaño económico.
Al ser ahora la segunda economía del mundo, China tiene mucha más capacidad de absorción interna que las economías pequeñas.
China alcanzó el punto álgido en exportaciones en el 2006, con un 35,4% del PIB yl porcentaje cayó a un 17,4% en el 2019, lo que significa que, antes de la política por la «circulación interna», esta era ya una realidad
En cuanto a la segunda razón hay que ver algunas estadísticas de Estados Unidos y Japón.
En el 2009, las exportaciones estadounidenses representaron un 7,6% del PIB, lo que significa que un 93,4% de los productos fabricados en el país fueron absorbidos internamente; en el caso de Japón, ese porcentaje fue de un 13,4%, es decir, que un 83,6% de su PIB se absorbió de modo interno.
¿Por qué estos dos países, la primera y la tercera economía del mundo respectivamente, tienen un porcentaje inferior al de China, la segunda economía mundial?
Son países de ingresos altos en los que el sector servicios representa una mayor proporción del PIB.
Los servicios representan en torno a un 80% del PIB en Estados Unidos y a un 70% en Japón, mientras que en China son un 53,6%.
¿Cuáles son las características del sector servicios? Una proporción bastante grande es no comercializable, por lo que una mayor cuota de ese sector en una economía significa una menor cuota de exportaciones en su PIB.
Como se ha mencionado anteriormente, las exportaciones representaron un 35,4% del PIB de China en el 2006, un momento en el que el PIB per cápita alcanzó los 2.099 dólares.
La economía de China representaba entonces un 5,3% de la economía mundial y el sector servicios contribuía a un 41,8% del PIB.
En el 2019, el PIB per cápita chino ya había pasado de 2.099 a 10.098 dólares, y el porcentaje de la economía china en la economía mundial se había triplicado, de un 5,3% a un 16,4%.
El porcentaje del sector servicios en el PIB de China creció de un 41,8% en el 2006 a un 53,6% en el 2009.
Con el crecimiento continuo de la renta per cápita, aumentará de modo indudable la participación del país en la economía mundial y del sector servicios en la economía nacional, las exportaciones disminuirán del actual 17,4% a un 15%, 12% y 10%, y la proporción de la circulación doméstica aumentará gradualmente desde un 82,6% actual hasta cerca de un 90%.
la nueva declaración sobre la circulación interna representa un juicio lúcido acerca de la tendencia en la actual etapa de desarrollo, y pretende cambiar la percepción general de que China es una economía orientada a la exportación.
Si China fuera una economía orientada a la exportación y las exportaciones resultaran afectadas, el pais sufriria un impacto significativo en su desarrollo.
En una economía tan grande y con un sector servicios que supera un 50% del PIB, la absorción interna de productos a través del consumo y la inversión es, en realidad, el principal determinante del crecimiento. La absorción interna ha superado un 80%, por lo que seguirá avanzando en el futuro hacia un 90%.
La política propuesta es un reconocimiento del hecho de que la circulación interna domina la economía china, lo cual permite comprender la tendencia actual del desarrollo.
¿Son importantes el mercado y los recursos internacionales en el predominio de la circulación interna? ¿Y debemos cambiar la política anterior de utilizar plenamente los mercados y recursos nacionales e internacionales para desarrollar la economía de China? No necesariamente.
La razón es que el sector manufacturero moderno tiene economías de escala muy grandes.
A pesar de ser una gran economía, China solo representa un 16,4% de la economía mundial, todavía queda un 83,6%.
En ese terreno, a medida de que se desarrollen los distintos sectores economicos y el nivel de renta aumente el capital y la tecnología serán cada vez más intensivos y la inversión cada vez mayor.
Si China es capaz de entrar en mercados más grandes después de la producción, obtendra mas beneficios y por eso debe seguir aprovechando al máximo los mercados internacionales.
Cada país tiene ventajas y desventajas en su economía… y en su desarrolllo economico.
¿Cuáles son las desventajas de China?
El país tiene niveles muy bajos de recursos naturales per cápita, lo que significa que en ese ámbito estama en desventaja.
El nivel de renta es algo superior a los 10.000 dólares, mientras que el de los países desarrollados es de 40.000, 50.000 y 60.000 dólares.
Esos países cuentan con la ventaja de sectores altamente intensivos en capital y tecnología, mientras que china no.
Siendo la fábrica del mundo, el pais exportába muchos productos intensivos en mano de obra gracias a la ventaja comparativa.
A medida que aumente el nivel de renta el pais ira perdiendo poco a poco dicha ventaja.
Si los productos para los que no tiene ventaja comparativa están disponibles en los mercados internacionales habrá que comprarlos más baratos en el extranjero.
Así China debe seguir aprovechando al máximo los recursos internacionales, incluidos los recursos naturales, los productos de alta tecnología e incluso los productos muy intensivos en mano de obra, cuyos costes de producción nacional son muy elevados.
Sólo así se podrá lograr un desarrollo económico de bajo coste y alta calidad.
Queda la cuestión de que alguna tecnología relacionada con la seguridad nacional o económica es propiedad de Estados Unidos y no la posee Europa o Japón y de ser así, China tiene que movilizarse para desarrollar esa tecnologia por medios propios.
En el caso de la mayor parte de las tecnologías, hay muchos países y muchas fuentes mundiales por lo que China seguirá utilizando los mercados y recursos nacionales e internacionales durante su desarrollo.
Por lo tanto, el nuevo escenario de desarrollo refleja una clara comprensión de la tendencia de desarrollo que permite aprovechar las oportunidades para impulsar el desarrollo de alta calidad.
En la actualidad, China es la segunda economía del mundo por tipo de cambio de mercado y la mayor economía por poder adquisitivo.
China ha representado un 30% del crecimiento anual económico mundial desde el 2008.
En el nuevo escenario de desarrollo, la economía de China se mantendrá estable mientras al país le vaya bien la circulación interna pero es muy probable que, independientemente de la situación del entorno exterior, un 30% de la expansión del mercado mundial proceda de China a lo largo de los próximos años, como ha ocurrido desde el 2008.
En conclusión, China seguirá siendo, en el nuevo escenario de desarrollo económico, el principal motor de crecimiento en el mundo, con lo que contribuirá a una mayor prosperidad del país y al desarrollo en el resto del mundo.
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