
Un buen compañero de vida se mantiene en el tiempo,está claro, pero, en ocasiones, su pérdida puede causar heridas tan difíciles de cerrar como las de una separación sentimental
«La amistad es la relación más noble y libre que puede tener un ser humano», sostenía Aristóteles y para el filósofo Mario, de cuatro años, «un amigo es un hermano que vive en otra casa».
Estos amigo-hermanos se mantienen siempre a nuestro lado y nos ofrecen apoyo incondicional para lidiar con los percances de la vida.
Otros amigos son compañeros de aficiones, colegas de trabajo o el apoyo indispensable a la hora de cambiar algún hábito indeseado…por fin, están los amigos-compinche que dan ese toque de complicidad a nuestra existencia, amigos que van y vienen, que nos recuerdan alguna que otra
juerga.
Como será de importante una buena amistad que la ciencia sostiene que el tiempo que pasamos con los amigos mitiga los efectos negativos del estrés, previene de muchas enfermedades cardiovasculares y es un elemento fundamental del bienestar psicológico.
Pérdidas
Nuestros amigos son la trama benévola que nos acompaña en la vida y, por eso, marcan nuestra existencia como lo pueden hacer las relaciones amorosas.
Según estudios realizados en la Universidad de California, amor y amistad comparten la necesidad de respeto, confianza, intimidad, apoyo incondicional, espontaneidad, reciprocidad y valoración.
El amor se nutre de intimidad sexual, atracción y una exclusividad que la amistad no necesita pero esta aporta, sin embargo, dos elementos cruciales: estabilidad y aceptación.
Un buen amigo se mantiene en el tiempo y sobrevive a todas nuestras relaciones sentimentales… además, con ellos nos mostramos más tolerantes que con la pareja, a la que tendemos a criticar más.
Por esto, las rupturas o la pérdida de estos compañeros en la vida pueden causar heridas difíciles de cerrar y dejar cicatrices que perduran en el tiempo.
Crecer significa saber dejar atrás a muchas caras conocidas y despedirnos con dolor de amigos del alma.
Estos son algunos de los motivos:
La pérdida, fallecimiento
A veces la vida nos los arrebata y fallecen dejando un enorme espacio vacío… todavia sonrío las locuras de uno que se me fue.
La muerte de un amigo nos deja desolados. Necesitamos realizar un verdadero proceso de duelo, a veces, duro y difícil, pasando por todas sus etapas: negación, rabia, depresión, regateo por «si hubiera podido hacer otra cosa» y finalmente, aceptación.
Se acaban, sin mas
En muchas ocasiones los amigos se van porque evolucionamos y las circunstancias cambian.
Atrás quedan los amigos adolescentes o de la universidad con los que compartimos tantas inquietudes.
Estas amistades suelen acabar sin dramas pero nos queda un sentimiento de melancolía porque es como decir adiós al pasado.
Es mejor pensar que el pasado pasó y que los tiempos felices siempre son los de ahora.
Falta de tiempo…
Las amistades verdaderas sobreviven a las ocupaciones porque siempre se encuentra un hueco para ellas y si no sucede así es que son amistades-puente que nos ayudan a cruzar etapas de la vida.
Esto sucede a menudo cuando el que parecía nuestro amigo del alma se enamora y desaparece.
Estas amistades caen por sí mismas y es mejor que pasado el primer momento de desconcierto se las despida con afecto y los mejores deseos en su nuevo camino.

Nos desengañan.
Que un amigo nos decepcione y no se comporte como esperamos produce un dolor muy agudo. Por ejemplo, la pérdida de amigos que se produce tras un divorcio es un shock a veces tan impactante como la misma separación sentimental.
Los desengaños de los amigos producen mucha amargura y es por eso que hay que darse tiempo para asimilar la decepción y cambiar la perspectiva.
La traición, la puñalada de un ¨amigo¨
Que un amigo nos traicione significa que falta a algunos de los valores fundamentales de la amistad, como la lealtad o el respeto.
Estas rupturas provocan ira, son difíciles de digerir y el mejor proceso para deshacernos del dolor es el perdón.
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