Epifanía, regalos y capitalismo


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Dice la leyenda que al nacer Jesucristo vinieron tres magos de Oriente para adorarlo trayendo unos presentes y dice la leyenda , tambien , que en el siglo III el Santo Nicolás repartía regalos entre los pobres.

Dice la teoria que el consumo genera empleo, y éste a su vez riqueza, y por lo tanto bienestar.

Es una costumbre intercambiar regalos por Navidad el día 25 de diciembre o el dia 6 de enero y por mucho que la publicidad indique que todo es una fuente de ilusión y sorpresas no es difícil demostrar lo contrario.

Hay que empezar por las preocupaciones que causa tener que pensar en qué regalar a quién.

Es difícil agradar a mucha gente y hacer malabares presupuestarios.

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La falta de ideas puede aumentar esos paseos insoportables para hacer compras navideñas tratando de encontrar algo que no parezca demasiado estúpido.

En algunas ocasiones las ganas de ser original o el riesgo que lleva ser prácticos por desconocer las necesidades de los demás , nos llevan de cabeza a esas tiendas de regalos llenas de cosas que no sirven para nada y cuyo gusto se basa en la Teoría del Caos por lo que en muchas ocasiones regalamos objetos cuyo destino más probable es el cubo de la basura.

“Lo que importa es el detalle” reza el dicho.

Si eso es lo que realmente importa, ¿por qué no reciclar objetos que ya no se usan o entregar regalos hechos por uno mismo?

He ahí la mentira… lo que importa es comprar , demostrar que la otra persona se ha sacrificado con su tiempo y dinero y que no ha olvidado esas miles de toneladas de plástico que circulan durante días, arrastrando procesos irresponsables de extracción, producción, distribución y desecho, alimentando la cadena del sistema capitalista que se nutre de esos gestos vacíos.

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Regalar es bonito pero no lo es estar obligado a hacerlo porque no tiene sentido y supone graves perjuicios a diferentes niveles.

Solo el 1% de los materiales que provienen de las ventas en EE,UU. sigue siendo utilizado seis meses despues … el resto es basura.

Nuestro pecado no consiste en ser consumistas adictos a la adquisición y disfrute de bienes, sino en el mero hecho de comprar, renovar, sustituir.

Cada uno de nosotros sólo ve sus actos individuales, de tal forma que parece que no pasa nada por gastar cuatro duros en tener un detalle y que el objeto de turno vaya a parar al contenedor y tampoco pasa nada por dejarse “algo más que cuatro duros” y regalar algo que no sea necesario, sustituyendo en ocasiones a otro objeto que irá a parar al trastero.

Sabemos que el bienestar no se logra sólo a través de la riqueza porque parece que sólo se puede conseguir gracias al trabajo o la lotería.

Una de las cosas que más bienestar nos produce es no trabajar, pero la fiebre del PIB lo mide todo en moneda de curso legal aunque también existen formas gratuitas de sentirse bien … estar con la gente agradadable que te rodea o disfrutar de la naturaleza que nos rodea es una sensacion muy agradable y muy feliz pero el sistema socioeconómico que sustentamos parece contrario a tales prácticas.

La locura del consumo nos impide ser felices.