
¿Qué sentido tiene saber la revuelta de la Busca y la Biga, el arte de Lisipo, las características de la Revolución Industrial, la II Guerra Mundial o la Guerra Fría?
Son preguntas importantes habida cuenta de la situación actual de la educación, mercantilizada hasta el punto de comprender que todo conocimiento ha de tener una utilidad dentro del sistema productivo lo que ha producido la desaparición de carreras con poca demanda, como si la educación no fuera algo integral al ser humano, destinada a determinarlo como persona.

En un artículo reciente publicado en EL PAÍS se reflexionó sobre el valor añadido que pueden tener las disciplinas humanísticas poco tendentes a la aplicación práctica de los conocimientos.
La respuesta que aportaba el articulo era eminentemente cívica… las humanidades nos ayudan a dotar de cohesión a la sociedad, a construir solidaridad, sentido comunitario, en definitiva, a fortalecer el funcionamiento de los ciudadanos.
La historia es una herramienta para dotar de sentido a las sociedades porque contribuye a crear un marco de convivencia y civilidad.
La civilidad en sentido amplio es la capacidad que tienen los seres humanos de vivir ordenadamente en torno a una serie de instituciones democráticas forjadas para su propio progreso y bienestar pero para que todo ello sea así, la historia debe ser concebida como una herramienta capaz de contener tres propiedades: análisis, crítica y comunicación.

El análisis se puede definir como el modo que tenemos de medir el tiempo.
Los hechos históricos nos sirven para formar conjeturas sobre nuestra propia existencia, para establecer comparaciones, para buscar analogías y diferencias por lo cual la historia no debe ser una mera sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente.
La historia debe buscar , en todo caso , etiologías y establecer referencias, buscar jerarquias, .
Toda buena historia debe permitir al lector poder inferir información que luego es utilizada para establecer juicios críticos propios.
Es muy importante insistir en la didáctica de la disciplina como motor de búsqueda… la historia más que un relato es un continuo interrogante sobre hechos y situaciones.
Por supuesto que es importante conocer cuándo se produjo la toma de la Bastilla, La batalla de Teruel, o la crisis del petróleo, pero éstos no son un fin en sí mismos sino que deben ser entendidos como un propósito:
El analisis de la historia necesita construir herramientas de análisis, de modo que los hechos históricos estén en función de las ideas que se puedan inferir de ellas.
Solo construyendo la historia como preguntas se podra contribuir a encontrar respuestas y preguntas que deben concluir en interpretaciones, esto es, en crítica.
La historia es un medio para tener elementos que nos permitan conocer nuestra propia existencia.
Se debe llegar a la crítica , no solo como elemento de contraste, sino como manera permanente de estar en el mundo, como motor de la curiosidad de saber.
La crítica es más que un modo de escrutar la realidad, es una actitud.
la crítica es la primera premisa al acercarnos a un disco, a un libro, a una noticia, a cualquier estímulo que recibimos en nuestra vida.
La critica es un buen mecanismo para alcanzar un nuevo saber y conocer su alcance es buscar sus antecedentes y estudiar sus raíces.
La historia es un elemento que contribuye a crear la identidad personal, pero también, es una disciplina que sirve como forjador de modos de vida comunitaria.

Conociendo la historia, las personas establecen puntos de ruptura y transformación a determinadas experiencias o, por el contrario, prevén la conservación si un hecho se pondera como una traición positiva.
Es por esto que la historia debe ser concebida como un diálogo constante entre personas, y la crítica debe llevar al debate, a la comunicación intersubjetiva de hechos y procesos, en búsqueda de ideas nuevas o mejoras en cualquier campo.
Siempre se ha dicho que, ante un trauma, el afectado debe contar su tragedia ante otra persona o una colectividad para aliviar el dolor. Con la historia sucede lo mismo… solo hablando sobre el pasado, las sociedades alcanzan consensos sobre formas de vida, sobre cómo articular su bienestar, sobre cómo superar errores y forjar lugares comunes.
En tiempos de internet y de la comunicación impersonal de masas, administrar el pasado es cada vez más necesario en sociedades que atraviesan crisis económicas, políticas o morales.
El trabajo de la historia en este sentido es fundamental.
La correcta enseñanza de la historia dota a los ciudadanos de base para no repetir el pasado porque la historia no es una moralina que garantice el progreso de las sociedades .
La historia proporciona referencias, comparaciones, y un antecedente porque saber el pasado a la hora de estar en el mundo es más útil que no tener ni una sola información sobre él y esto es imprescindible en sociedades fragmentadas por las crisis que se esta estamos atravesando actualmente.
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