
Las compañías se lanzan a ofrecer aplicaciones para resolver demandas mediante robots de conversaciones con los usuarios
Hace 24 años que la empresa israelí VocalTec ofreció la primera aplicación para hablar por internet (VoIP).
La irrupción imparable de altavoces inteligentes ha relanzado las aplicaciones que utilizan el habla para realizar todo tipo de acciones , consultas legales o contratación de viajes , aprovechando la red.
El campo es tan amplio como el de todas las acciones que se llevan a cabo de forma habitual desde el móvil o el ordenador pero que , en un futuro inmediato , se ejecutarán hablando a nuestros dispositivos.
Según datos de Global Market Insights difundidos por el operador de telecomunicaciones Masvoz se espera que el mercado global de VoIP , valorado en 77.400 millones de dólares en el año 2018, alcance los 93.200 millones de dólares a finales de 2024 , con una tasa de crecimiento anual del 3,1% entre 2019 y 2024 .
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Los altavoces son intencionadamente menos inteligentes de lo que parecen porque han surgido , al igual que lo hizo la telefonía móvil , como “sistema operativo” y pocas aplicaciones a la espera de que sea el mercado el que vaya alimentando su cerebro.
Ninguna empresa comercializadora de estas plataformas que responden a comandos por voz podría embarcarse en la infinidad de posibilidades que ofrecen.
Aunque ninguna empresa ha desarrollado aplicaciones para los altavoces el mercado está abierto a los desarrolladores y las respuestas ya están en marcha.
Alexa, Siri, Hey Google, Bixby o Cortana están para poner en contacto con el robot que responda a las demandas, pero no para resoverlas por su cuenta, salvo en pocos casos.
Los primeros intentos de responder a comados de voz en Internet fracasaron porque se intentó imitar el complejo sistema de comunicación humana.
Aquellos asistentes de tiendas y servicios eran incapaces de terminar una conversación y sus resultados arrojaban más fallos que soluciones.
Facebook cambió la óptica de atender a las conversaciones al incorporar respuestas automatizadas que acotaban el diálogo a un entorno comprensible por la máquina y lo suficientemente útil para el usuario.
La interacción abierta se limitó a secuencias guiadas que tenían en cuenta las interacciones más habituales.
El modelo se copió y se incorporó a todas las plataformas de mensajería, que acaparan casi la totalidad del uso del móvil y. ahora, los chats informáticos identifican las palabras claves y centran sus soluciones.
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