
Todos en algún momento de nuestra vida hemos sufrido el estrés en el trabajo.
La presión, las prisas, las responsabilidades… un amplio abanico de factores que, a pesar de que tengamos la suerte de realizar un trabajo que nos llena, presenta elementos muy estresantes.
Entra, corre, haz esto, ve allí, atento a los detalles, que no se te olvide, haz lo otro, sal… Vuelta a empezar.
La cultura humana ha ido derivando, desde la segunda mitad del siglo XX, hacia una concepción mucho más centrada en el trabajo y el esfuerzo individual como formas de alcanzar el éxito.
Desde la Antigüedad, la norma básica era “trabajar para vivir” intercambiando parte de la fuerza, tiempo y habilidades por un sustento que nos permitiría tener cierto nivel de vida.
Poco a poco esta idea se ha ido invirtiéndo y ahora solemos encontrar el “vivir para trabajar”.
Aun cuando los llamados millenials vuelven a ser conscientes de la importancia del tiempo libre y los placeres de la vida el estrés laboral sigue siendo uno de los problemas más graves de la sociedad actual.
Estres y sociedad actual
El estrés es la respuesta de nuestro organismo a las amenazas o desafíos que nos surgen en el día a día a través de una respuesta fisiológica que suele alterar nuestro modo de pensar o actuar.
Desde un punto de vista genético, el estrés era la reacción que hacía que nuestros antepasados primitivos estuvieran preparados para situaciones complicadas y supieran reaccionar y sobrevivir y por eso sus descendientes somos más proclives a tener este tipo de reacciones.
Esa capacidad de reacción por parte de nuestra mente y cuerpo hacen que el estrés pueda ser altamente beneficioso para nosotros porque los niveles correctos provocan una activación extra que puede hacernos pensar con mayor claridad, fijarnos más en los detalles o trabajar más rápido.
El problema llega cuando los niveles de estrés son demasiado altos, sentimos que no somos capaces de hacer frente a la amenaza que se nos plantea y nuestro cuerpo se bloquea.
Esta situación, que puede llegar a provocar enfermedades y trastornos graves, se conoce como estrés.
El estrés laboral es aquel provocado por las situaciones que surgen en el ámbito de trabajo debido a un exceso de tareas asignadas, descontrol u otra serie de situaciones a las que se les suma la presión social que existe en torno a la importancia del trabajo.
Según su gravedad el estres puede provocar síntomas emocionales (cambios de humor), mentales (problemas de concentración), de conducta (aislamiento social) o otras enfermedades más graves como hipertensión o depresión.

Estas son varias formas efectivas de no dejarse vencer por el estrés.
Descansar
Los efectos del estrés y el cansancio laboral no harán sino poner obstáculos en el desempeño de nuestro trabajo .
Según la Asociación Americana de Psicología, es necesario tomar tiempo para descansar.
“Desconectar” del trabajo cuando nos encontramos fuera de la oficina es un requisito imprescindible para que el estrés no se vuelva crónico y para que rindamos mucho mejor en el trabajo.
Hablar con el jefe
No hablamos de un aumento de sueldo, sino de crear un ambiente positivo de trabajo que promueva el bienestar de todos.
Hablar con el jefe puede ayudarnos a controlar situaciones de estrés que obstaculizan el desempeño adecuado del trabajo como, por ejemplo, saber qué es lo que se espera de nosotros exactamente, establecer tareas que supongan un reto o hacer cambios físicos en la zona de trabajo para reducir las tensiones y hacerlo más confortable.
Conseguir apoyo externo
Abrir nuestras miras es indispensable para no sentirnos sobrepasados.
Contar con el apoyo de la familia o incluso de amigos puede ayudar a manejar el estrés diario provocado por el trabajo.
La Asociación Americana de Psicología explica que, si es necesario, podemos acudir al programa de prevención de riesgos laborales en el que se incluirá un protocolo de actuación sobre el estrés laboral.
Organizarse
Tanto en nuestra mente y acciones como en nuestro espacio de trabajo es sumamente basico establecer una serie de propósitos diarios que ayudará a que nuestra mente se estructure y funcione a un ritmo mejor, haciendo que nos resulte más sencillo trabajar.
Si este tipo de plannings se acompañan de una organización externa como mantener el lugar de trabajo despejado, cómodo y con las cosas en su sitio se lograra que el tiempo en el lugar de trabajo resulte mucho más cómodo. asequible y provechoso.
Delegar
Debemos entender la acción de delegar no como una forma de quitarse el marrón de turno de encima y colocárselo a otra persona sino como una forma de repartir parte del trabajo y fomentar aspectos muy positivos en el ámbito laboral.
Saber delegar consigue no sobrecargar a una sola persona con un exceso de trabajo y si se hace bien se puede reforzar técnicas de trabajo en equipo, organización y reparto de tareas e incluso madurez profesional.
Tomarse cinco minutos
Todos tenemos un punto de impacto crítico en el que, simplemente, colapsamos.
El estrés laboral puede hacernos sentir que perdemos el control de la situación y provocar que nuestra mente se bloquee y no podamos reaccionar como deberíamos.
Antes de llegar a este límite es preferible parar cinco minutos e intentar volver a ponernos al timón.
Aprender a relajarse
Además del yoga u otros tipos de deportes existen técnicas especializadas que , si bien no permiten eliminar el estrés , ayudan a controlar o disminuir los efectos efectos del stress.
La meditación o mindfulness y el control de la respiración son algunas de las formas más conocidas de mantener el estrés a raya.
La relajación progresiva de Jacobson, un método por el que se consigue una relajación corporal y mental en pocos minutos, resulta especialmente efectiva y surte efecto en muy poco tiempo una vez se controla.
Recuperar la ilusión por el trabajo
Cuando se empieza un nuevo trabajo suele surgir esa ilusión interna por la emoción de empezar algo nuevo y la incertidumbre del qué pasará.
Ser capaces de recuperar esas primeras sensaciones, de revivirlas, harán que ir a trabajar no se convierta en un suplicio y que el estrés se reduzca o suavice.
Puede ser a través de mejorar la relación con los compañeros, de sentirse a gusto en el lugar de trabajo o por un redescubrimiento de la pasión perdida.
Lo importante es encontrar esa chispa que aún brilla.
Trabajar para vivir, no vivir para trabajar
Por mucho que los nuevos modelos de sociedad prioricen y difundan la idea de que trabajar más conlleva un futuro mejor, lo cierto es que al final del día seguimos siendo seres humanos y tenemos nuestras limitaciones.
El trabajo, para que se realice en un marco sano, debe ser una herramienta para ganarse la vida pero no el centro de ella.
Debe estar conectado para enviar un comentario.