Sin la simbiosis, muchos de los organismos que poblamos la Tierra seríamos incapaces de sobrevivir.
La simbiosis es una palabra palabra que deriva del griego que significa ‘vivir juntos’.
La simbiosis es la relación ecológica entre organismos de especies diferentes que están en contacto directo.
Si uno de los organismos simbióticos es mucho más grande que el otro, el más grande se denomina huésped y el más pequeño simbionte.
Existen varios tipos de relaciones simbióticas en función del beneficio que saquen los organismos.
En el mutualismo, los organismos que participan de la simbiosis se benefician, mientras que
En el comensalismo uno de los ‘participantes’ en la relación se beneficia mientras que el otro no saca provecho, pero tampoco se ve perjudicado.
En el parasitismo un organismo vive a expensas de su huésped.
Muchos de los organismos eucariotas , formados por células con núcleo , dependen de sus relaciones simbióticas con otros organismos.
Según la teoría de la endosimbiosis popularizada por Lynn Margulis las mismas mitocondrias, orgánulos esenciales de nuestras células, provienen de una simbiosis muy primitiva,
Cuanto más sabemos sobre las relaciones simbióticas entre distintos organismos, más nos damos cuenta de que estas no son asociaciones aisladas, sino que forman parte del día a día de una buena parte de los organismos de la Tierra , incluido el ser humano , y que, en muchos casos, la vida tal como la conocemos no sería posible sin la simbiosis.
Estos son algunos ejemplos de simbiosis …
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Los insectos ‘granjeros’
Muchas especies de hormigas y termitas cultivan hongos y se benefician de su enorme poder digestivo.
Estos insectos recorren los bosques tropicales en busca de hojas que llevan a sus nidos para alimentar a los hongos, por lo que ambos obtienen importantes beneficios en esta asociación.
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Evolución conjunta
Como en tantos otros ejemplos, la evolución de estos insectos granjeros y sus cultivos de hongos ha estado estrechamente relacionada, y los hongos se han vuelto tan dependientes que, en muchos casos, no pueden subsistir sin estos insectos.
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Micorrizas
Hablamos de otro clásico de la simbiosis. De hecho, casi todas las plantas vasculares tienen micorrizas y dependen de los hongos asociados a sus raíces para obtener sus nutrientes esenciales.
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Los herbívoros no pueden digerir la hierba
Parece contradictorio, pero así es: los herbívoros se enfrentan a un desafío nutricional, ya que gran parte de la energía química que necesitan se almacena en las paredes de las células vegetales, pero los animales no tenemos enzimas que puedan hidrolizar la celulosa.
Muchos vertebrados solucionan este problema a través de bacterias simbióticas que sí que pueden digerir la celulosa.
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El hoatzín
La ubicación de estos microbios simbióticos varía según el tipo de animal.
Por ejemplo el hoatzín, un ave herbívora de las selvas tropicales de Sudamérica, los alberga en un buche muscular muy grande.
Las crestas duras de la pared del buche muelen las hojas en fragmentos pequeños, y después los microorganismos digieren la celulosa.
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La rémora y el tiburón
Este es otro de los ejemplos clásicos de simbiosis que se estudian en los libros de texto.
Las rémoras se adhieren a los tiburones y también a otros animales (ballenas, rayas…) para consiguer desplazarse rápidamente a grandes distancias, y además aprovechan trozos de presas y restos de la comida de sus hospedantes.
A cambio, el tiburón se mantiene libre de parásitos.
