
Trata a tus hijos como te gustaría ser tratado.
Apaga sus miedos, pon nombre a esas emociones que ellos no saben expresar, regálales tiempo, enciende sus sueños y hazles sentir como lo que son, las personas más valiosas de tu mundo.
Resulta curioso como a día de hoy muchas madres y padres ven la crianza o educacion con un poco de miedo y se olvidan de escuchar algo más valioso que todo esto:
Su instinto natural.
El instinto de una madre o la capacidad natural de un padre a la hora de intuir las necesidades de sus propios hijos es sin duda la mejor estrategia a la hora de educarlos.
Los niños llegan al mundo con una bondad innata, así que merecen ser tratados con respeto para salvaguardar esta nobleza de corazón, atendiendo con naturalidad y sin miedo cada acontecimiento que nos traiga el día a día.
Un niño debe ser tratado con afecto y sin miedos
Hay madres y padres que temen fracasar en su papel como progenitores y piensan que puede ser una tragedia no poder darles la mejor fiesta de cumpleaños, no encontrarles plaza en el mejor colegio o no poder comprarles la misma ropa de marca que llevan sus amigos en el cole aspirando , de algún modo , a ofrecerles a sus niños aquello que ellos mismos no tuvieron.
Queda claro que cada uno es libre a la hora de elegir cómo educar a un hijo, pero a menudo se nos olvida cómo son los niños y todo lo que acontece en su interior.
Nos aferramos en pensar en todo lo que debemos ofrecerles sin descubrir primero qué necesitan realmente… nos necesitan a nosotros mismos.
– Un niño no es un adulto en miniatura, es una persona que necesita entender el mundo a través de ti y con tu ayuda.
– Un niño actúa siempre por necesidades y no por manipulación o malicia como los adultos. Hemos de ser intuitivos ante esas demandas.
– Un niño debe, por encima de todo, ser tratado con afecto.
– Nuestros hijos no necesitan ropas de marca o juguetes electrónicos con los que jugar en soledad.
– Los niños Necesitan el tiempo , el ejemplo , los abrazos de buenas noches o la mano del padre para cruzar la calle.
como aprender a educar a los hijos… conducta y comportamiento
La crianza autorregulada: comprender y acompañar
La crianza autorregulada se nutre directamente de las teorías del apego .
Estas teorias vuelven a estar de actualidad porque ensalzan una serie de conceptos clave mediante los cuales se puede conectar mucho mejor con la infancia, con sus tiempos y con sus necesidades.
Lo interesante de este enfoque es que se entiende la autorregulación como sinónimo de vida, de la necesidad de tomar contacto con nuestra propia complejidad personal para entender que también el niño tiene sus necesidades, sus propios conflictos generados, a veces, por una sociedad que no comprende la infancia ni al infante.
Claves de la crianza autorregulada
La crianza autorregulada nos dice que un niño que ha sido tratado con respeto en su infancia y que además, ha visto cómo sus padres eran respetuosos con todos aquellos que les rodeaban, será un adulto respetuoso.
Ahora bien, pero… ¿de qué manera alcanzamos ese objetivo? ¿Cómo nos enseña la crianza autorregulada a dar adultos felices al mundo?
Un niño debe sentirse comprendido y acompañado en todo momento. Si aparece la frustración esa criatura deja de sentirse adaptada, integrada.
Hay que educar con un apego saludable basado en el amor y la cercanía. De este modo, poco a poco, ese niño se sentirá seguro para dirigir sus pasos hacia la independencia.
La voz de un niño debe ser escuchada en todo momento, porque también ellos deben ser tenidos en cuenta cuando ríen y cuando lloran, cuando demandan o cuando sugieren.
La crianza autorregulada también nos habla de tiempos, de no iniciar el aprendizaje intelectual hasta los 7 años, para propiciar así un primer tiempo de descubrimientos a través del juego.

La interacción con sus entorno a través de los cinco sentidos y de las relaciones con sus iguales mediante la alegría nos ofrece un modo interesante de favorecer su desarrollo psicosocial.
No obstante, y sea como sea el enfoque con el que elijamos criar a nuestros hijos, no debemos olvidar algo tan sencillo como tratarlos con esa fórmula mágica certera e infalible: el cariño.